Una iglesia que se ama y sirve unos a otros | Gálatas 5:13 | Pastor David Hernández

Hermanos, el domingo pasado comenzamos esta breve serie hablando de una característica fundamental de la iglesia de Jesucristo: una iglesia que se ama unos a otros. Vimos unas estadísticas que impactan y nos muestran que aún nos falta mucho por obedecer a la voluntad de Dios, una de ellas nos decía que 7 de cada 10 jóvenes de los que abandonan la iglesia, con edades ente los 18 y 29 años, indicaron que no tenían una amistad cercana con un adulto de la iglesia, , y 9 de cada 10 nunca tuvieron un mentor, un discipulador.

El Señor en su Palabra constantemente nos recalca que cada uno de nosotros, quienes formamos parte de la iglesia de Cristo tenemos la misión y responsabilidad de obedecer sus mandatos, no solo los pastores y líderes, sino todos. Por lo tanto vimos la semana pasada que:

Cada miembro tiene una misión: 1 Corintios 12:25 TODOS SE PREOCUPEN UNOS POR LOS OTROS.

  • Romanos 15:14: Pero estoy seguro de vosotros, hermanos míos, de que vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podéis amonestaros los unos a los otros.
  • 1 Tesalonicenses 5:12-14 “os rogamos, hermanos, …También os rogamos hermanos, que amonestéis…

Los dones fueron dados por Dios a cada uno de sus hijos con el fin de edificar su iglesia, y claramente dice “hermanos” hagan esto…

  • ¿Y los pastores? Efesios 4: 11-12 leamos : Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,”

La función principal de nosotros los pastores es equiparlos a ustedes para que hagan la obra del ministerio.

 Vimos lo que nos enseña Juan 13:34-35: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. 35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”.

El amarnos unos a los otros es un mandamiento, y es la forma en que los de afuera verán a Cristo reflejado en su iglesia. El Amor es la marca visible del discípulo, y ese amor se vuelve visible en nuestras relaciones los unos a los otros.

Ts: Continuemos viendo un par mas de las marcas visibles de una iglesia que se ama unos a otros

  1. UNA PERSONA QUE AMA RECIBE A LOS DEMÁS

“Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios”. Romanos 15:7

“Recibíos” hay personas que llegan a la iglesia cargando cosas que nosotros no conocemos, heridas, culpa, problemas familiares, soledad, dudas, fracasos, algunos buscando crecer en Cristo, echar raíces para crecer y servir. No sabemos, pero si debemos recordar que Cristo nos recibió siendo imperfectos.

Antes de emitir una opinión de palabra o de acción, dese el tiempo de recibir y conocer, ese es el proceso correcto por medio del cual mostramos la gracia del Señor y cuidamos su iglesia.

  1. UNA IGLESIA QUE AMA SABE SOPORTAR

“…con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor”. Efesios 4:2

Este versículo nos recuerda que todos somos diferentes, diferentes personalidades, diferentes grados de madurez y estas diferencias a veces producen conflictos. Por eso Pablo habla de la humildad, paciencia que es longanimidad ( es la grandeza y constancia de ánimo para soportar las adversidades).

  1. UNA IGLESIA QUE AMA NO SE DESTRUYE CON SUS PALABRAS

“Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros”. — Gálatas 5:15

Pablo nos muestra una imagen muy fuerte, una iglesia puede llegar a destruirse por dentro, no siempre es necesario tener ataques externos. A veces la congregación comienza a debilitarse por un comentario, una crítica, una ofensa, una competencia de quien lo hace mejor, una falta de perdón.

Por eso Santiago 4:11 dice “Hermanos, no murmuréis los unos de los otros” y Santiago 5:9 “No os quejéis unos contra otros”

Amados, no todo lo que sentimos debe convertirse en algo que decimos. Si somos una iglesia madura vamos a conversar con la persona involucrada, vamos a orar, vamos a frenar nuestra legua si no va a ser usada para edificar.

  1. ¿CÓMO SE VE EL AMOR EN LA VIDA DE UNA IGLESIA QUE AMA?
  2. Saluda al que está solo. No sabemos qué está viviendo la persona que está sentada sola. Un saludo puede parecer pequeño para nosotros, pero puede significar mucho para alguien que está pasando por un momento difícil.
  3. Recibe al que llega por primera vez. No queremos que alguien entre, se siente, escuche el culto y salga sin que nadie haya conocido su nombre.
  4. Visita al que está enfermo. El amor no solamente dice «estoy orando por ti»; cuando es posible, también se acerca.
  5. Ora por el que está en crisis. No necesitamos tener todas las respuestas. A veces podemos simplemente decir: «Hermano, no sé qué decirte, pero voy a orar contigo».
  6. Perdona al que falló. Lo hacemos recordando que nosotros también necesitamos gracia.
  7. Corrige con amor. La corrección bíblica no busca humillar; busca restaurar.
  8. Rechaza el chisme. Cuando alguien comienza una conversación destructiva sobre otro hermano, podemos detenerla en lugar de alimentarla.
  9. Celebra la bendición de otro. Si Dios bendice a mi hermano, no tengo que sentir que Dios me quitó algo; puedo alegrarme con él.
  10. Ayuda al necesitado. El amor se convierte en acción y se expresa de manera concreta.
  11. Busca la reconciliación. No siempre podemos controlar lo que otros harán, pero sí podemos decidir qué haremos nosotros.

Ahora quiero llevar este mensaje un paso más adelante: si realmente amo a mi hermano, ese amor tiene que convertirse en algo visible. El amor verdadero busca expresarse, y una de sus expresiones más claras es el servicio.

Por esto el segundo enfoque que quiero compartirles es una iglesia que se sirve unos a otros. La pregunta que quiero poner delante de nosotros es sencilla: ¿para qué existe un creyente dentro de la iglesia? ¿Solamente para asistir, escuchar, recibir y ser bendecido? La Biblia presenta una imagen muy diferente  La iglesia es un cuerpo, y en un cuerpo cada miembro tiene una función. Pablo dice en 1 Corintios 12:27: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular”. Esto significa que yo no estoy en la iglesia solamente para recibir de otros; también estoy aquí para darme a otros. No solamente para preguntar qué puede hacer la iglesia por mí, sino también qué puedo hacer yo por mis hermanos.

I. HEMOS SIDO LLAMADOS A SERVIR

Gálatas 5:13

“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otro”.

Este versículo contiene una verdad poderosa donde Pablo habla de “libertad”, pero inmediatamente relaciona esa libertad con el servicio. La libertad cristiana no significa: “Ahora puedo hacer lo que quiero”. Significa que, en Cristo, ya no tengo que vivir esclavizado a mí mismo. Ahora soy libre para amar, para entregar y para servir. Nuestra tendencia natural pregunta: “¿Qué puedo obtener? ¿Qué me van a dar? ¿Qué beneficio recibo?”. Cristo nos transforma el corazón para que comencemos a preguntarnos: ¿Qué puedo entregar? ¿A quién puedo ayudar? ¿De qué manera puedo ser útil?. Hermanos amados, La madurez espiritual se nota cuando dejamos de vivir únicamente como consumidores y comenzamos a vivir como servidores.

Ts: Es fácil decir algo para que otros lo hagan y uno no, sin embargo nuestro Señor nos dio el mandamiento de amar, pero su ejemplo en como amar y servir es el que debemos imitar

II. EL MODELO DEL SERVICIO ES JESÚS

«Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos». — Marcos 10:45

Si queremos saber qué significa servir, tenemos que mirar a Jesús. Él tenía todo el derecho de recibir servicio: es el Señor, el Rey, el mesías y el Hijo de Dios. Sin embargo, dijo que vino para servir. Si miramos su servicio no fue algo de vez en cuando y alguna tarea , sino que fue en forma permanente y hasta el punto de entregar su vida en la cruz. Por eso el servicio cristiano no es simplemente “hacer cosas” dentro de una iglesia, sino que s adoptar la actitud de Cristo.

¿Cuándo comienza el verdadero servicio? El servicio comienza cuando dejo de ser el centro, cuando mi comodidad deja de ser la medida de todo y cuando empiezo a mirar a las personas como alguien a quien puedo bendecir.

Juan 13 nos ofrece una de las imágenes más claras: Jesús tomó una toalla, tomó agua, se arrodilló y lavó los pies de sus discípulos. El Señor de la gloria realizó una tarea que normalmente correspondía al siervo de mas bajo rango en una casa. Luego les dijo: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Jn 13.15).

La vida cristiana no se demuestra buscando posiciones, sino estando dispuestos a servir. La iglesia no necesita personas que quieran ser vistas; necesita personas que estén dispuestas a tomar la toalla, aunque nadie aplauda.

III. SERVIR NO ES SOLAMENTE OCUPAR UN CARGO

Juan 13:14

“Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.”

1 Pedro 4:10

“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”.

A veces pensamos: “Yo no soy líder, no predico, no canto, no enseño; por lo tanto, no tengo nada que hacer”. Pero el Señor mostró en su ejemplo que todo servicio es importante, no puso como ejemplo a El sentado en un monte enseñando, sino que lavando los pies.

Pedro dice: “Cada uno”. Dios ha puesto un don en cada creyente que puede y debe ser utilizado para bendecir a otros, no todos hacemos lo mismo y no todos servimos de la misma manera: Algunos enseñan, otros administran, visitan, oran, ayudan, reciben, aconsejan, cocinan, limpian, acompañan, escuchan o sirven silenciosamente sin que casi nadie lo note. El cuerpo necesita diferentes miembros y diferentes funciones.

Y aquí debemos recordar algo: no existe servicio insignificante cuando se hace para Cristo. Tal vez nadie vea al que limpia, al que prepara algo antes del culto, al que visita a un enfermo, al que llama a un hermano desanimado o al que ora durante horas por otros ¡ Pero Dios lo ve!. Nuestro servicio no necesita aplausos humanos para tener valor delante del Señor.

Servimos porque hemos recibido gracia y porque esa gracia ahora puede pasar a través de nosotros hacia otras personas. (Mt. 10:8 “… de gracia recibisteis; dad de gracia”)

IV. UNA IGLESIA QUE SIRVE LLEVA LAS CARGAS DE LOS DEMÁS

Gálatas 6:2

«Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo».

Esta es una de las expresiones más hermosas de la vida como familia de la fe. La idea de “sobrellevar” es “ayudar a cargar algo que se ha vuelto demasiado pesado para una sola persona.”

Hay momentos en que un hermano puede caminar y resolver muchas cosas por sí mismo; pero también existen temporadas en que la enfermedad, una pérdida, un problema familiar, una crisis económica, una lucha espiritual, un fracaso, una tentación, un duelo o el agotamiento hacen que la carga sea demasiado grande, es en ese momento en que la iglesia debería poder decir: “No tienes que llevar esto solo”.

Pensemos en esto: hay personas que vienen cada domingo, se sientan, cantan, escuchan el mensaje, saludan y luego se van y quizá nadie sabe realmente cómo están. Tal vez están llorando por dentro o enfrentando una batalla que nadie conoce, pero una iglesia que sirve no se limita a preguntar: “¿Cuántas personas vinieron?”, eso es bueno saberlo, pero la pregunta mas relevante es ¿Cómo están las personas que Dios nos confió?”. A veces el servir comienza con algo tan sencillo como sentarse al lado de alguien y preguntarle con un verdadero interés: “Hermano, ¿cómo estás realmente?”. No siempre podremos resolver su problema, pero podemos ayudarle a no enfrentarlo en soledad.

V. NOS ANIMAMOS Y EDIFICAMOS UNOS A OTROS

1 Tesalonicenses 5:11

«Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis».

Aquí encontramos dos responsabilidades: animar y edificar. Hay personas que no necesitan una nueva crítica; necesitan ánimo. No necesitan que les recordemos otra vez todo lo que hicieron mal; necesitan escuchar: “Sigue adelante”, “Dios no ha terminado contigo”, “No abandones”, “Estamos contigo”, “Vamos a orar”. Amados hermanos, animar no significa ignorar la verdad ni pasar por alto el pecado, sino ayudar a una persona a encontrar fuerzas para continuar caminando con Cristo.

Pablo también dice: “edificaos”. La imagen aquí es la de “construir”. Cada conversación puede convertirse en un ladrillo o en un martillo, podemos usar nuestras palabras para construir la vida de alguien o para derribarla.

Por eso, antes de hablar acerca de un hermano, debemos preguntarnos: “¿Esto edifica?”. Antes de corregir al alguien debes preguntarte: ¿Lo hago para restaurar o para demostrar que tengo razón?. Antes de comentar un problema pregúntate : ¿Estoy buscando ayudar o simplemente hablar?. Una iglesia que se sirve también aprende a utilizar sus palabras para levantar y no para destruir.

VI. NOS CONSIDERAMOS Y NO DESCUIDAMOS LA COMUNIDAD

Hebreos 10:24-25

“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos… sino exhortándonos”.

La expresión “considerémonos unos a otros” significa prestar atención, observar, interesarnos y dejar de vivir completamente concentrados en nosotros mismos, lo llevamos a la práctica cuando nos peguntamos : ¿Cómo puedo ayudar a mi hermano a acercarse más a Cristo?. Esto es discipulado, esto es familia y esto es iglesia. Congregarnos no es venir  ocupar una silla y escuchar un sermón,  nos reunimos también porque nos necesitamos unos a otros: yo necesito ánimo, oración, consejo y ayuda; y otros pueden necesitar que yo les dé ánimo, ore con ellos, los aconseje o los ayude.

La iglesia no es un grupo de personas que coincide durante unas horas en un mismo edificio, es un cuerpo que se pertenece mutuamente y se necesita mutuamente,  por eso la ausencia de alguien debería importarnos.

Cuando empezamos a notar que un hermano comienza a alejarse, no debemos preguntarnos solamente ¿Por qué ya no viene?, sino: ¿Dónde está? ¿Cómo está? ¿Podemos acercarnos? , voy a orar, voy a llamarlo, voy a visitarlo . Considerarnos unos a otros significa aprender a ver personas, a ver a mi hermano, no solamente asistencia; no solamente números, o decirnos “fuimos muchos hoy, o fuimos pocos hoy”. Hermano, mire la silla que está a su lado ¿extraña a alguien allí?, bueno ya sabe que hacer.

Ts: quiero terminar mencionando algunas formas prácticas y de desafío para aplicar este sermón en nosotros

VI. DIEZ FORMAS PRÁCTICAS DE SERVIR ESTA SEMANA

Quiero que este mensaje termine de una manera muy práctica preguntandonos: ¿A quién puedo servir?. Esta semana podemos hacer cosas sencillas y concretas:

1) llamar a alguien que está solo;

2) visitar a alguien enfermo cuando sea apropiado;

3) orar intencionalmente por tres personas de la iglesia;

4) animar a alguien que está cansado;

5) ayudar a una familia que está pasando necesidad;

6) acercarnos a una persona nueva;

7) preguntar a un hermano: ¿Cómo puedo orar por ti?

8) ofrecer ayuda sin esperar que nos la pidan

9) utilizar el don que Dios nos dio para bendecir a otros

10) hacer algo bueno por alguien sin buscar reconocimiento.

Ninguna de estas acciones parece espectacular, pero si todos hacemos a lo menos una de estas aplicaciones estoy seguro que la iglesia comenzará a experimentar el amor al prójimo como Dios desea. Una llamada puede llegar en el momento exacto, una oración puede sostener a alguien, una visita puede romper la soledad, una palabra puede evitar que una persona se rinda, una ayuda discreta puede devolver esperanza. Cuando muchos creyentes comienzan a vivir así, la iglesia deja de ser un lugar donde unos pocos sirven a todos y se convierte en una familia donde todos buscan servir unos a otros.

CONCLUSIÓN: UNA IGLESIA QUE AMA, SIRVE

Quiero llevarlos nuevamente a mirar a Jesús a la noche antes de morir, tomó una toalla, una vasija y se arrodilló para lavar los pies de sus discípulos. El Rey se convirtió en siervo, el Maestro sirvió y el Señor se humilló. Después dijo: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis”. Jesús no solamente nos mandó a amarnos; nos mostró cómo se ve ese amor, el amor se convierte en servicio.

Y así cerramos esta serie «Unos a otros». El llamado de Jesús no es solamente a tener reuniones juntos, sino a aprender a vivir juntos como su pueblo, su iglesia, un solo cuerpo.  Amarnos, recibirnos, perdonarnos, soportarnos, animarnos, orar unos por otros, llevar nuestras cargas y servirnos. Esas expresiones no son adornos de la vida cristiana; forman parte de lo que significa ser el cuerpo de Cristo.

El mundo no solamente escucha lo que predicamos; también observa cómo nos tratamos y cuando una iglesia aprende a amarse y servirse, comienza a mostrar de manera visible el carácter de Jesús.

Recuerde lo siguiente:

Una iglesia madura no pregunta solamente: “¿Qué puede hacer la iglesia por mí?, sino: “¿Qué puedo hacer yo por mis hermanos?”.

El amor que no se convierte en servicio permanece solamente en palabras.

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