Vino nuevo en odres nuevos | Mateo 9:14-34 | Pr. Rodrigo Cisternas

Introducción

Mateo coloca un tremendo argumento ante nuestros ojos acerca de la necesidad de rendirse a Jesús y reconocerlo como quien él decía ser, el Cristo, el Mesías, el rey de Israel.

Este argumento comienza en la entrevista que tuvieron los Fariseos y los discípulos de Juan con Jesús preguntándole acerca del ayuno.

Mateo 9. 14.

Tanto los seguidores de Juan como los Fariseos de alguna forma reclamaban el hecho de que los discípulos de Jesús no ayunaban.

El ayuno lo vemos funcionando en las Escrituras como una rama de la oración, usado para derramar el alma delante del Señor por algo que nos angustia o nos aflige, buscando el favor de Dios.

  • El rey David, por ejemplo, ayunó rogando por la vida de su hijo recién nacido. 2 Samuel 12. 16 – 23.
  • Ester y Mardoqueo, por ejemplo ayunaron cuando fueron expuestos a la muerte. Ester 4. 16.

El ayuno no condiciona la respuesta de Dios, más bien, el ayuno es una disciplina espiritual que nos permite demostrar a Dios nuestro quebranto por la situación que nos golpea y nuestra humildad al esperar que él nos fortalezca mientras nos muestra su voluntad en aquel asunto.

Esta disciplina nos fortalece en momentos de debilidad o angustia y nos prepara para enfrentar con espiritualidad la respuesta de Dios, honrándolo aun si la respuesta que recibimos no es lo que hemos pedido o esperamos.

¿Por qué hubo aún discípulos de Juan, sabiendo que Jesús el Mesías ya había llegado?

Recordemos que aún en el tiempo de Pablo hubo personas que solo habían oído del Bautismo de Juan. Hechos 19: 1 – 3.

Se registra en la historia incluso, en el segundo siglo, que hubo un grupo hereje que consideraba que Juan el Bautista era el Mesías. (Comentario Bíblico Mundo Hispano)

Juan siempre insistió de que él no era el Mesías, pero hubo un grupo que estaba celoso de la fama de Jesús, porque vino a restar fama de su maestro, Juan el Bautista.

Estos seguidores de Juan, junto a los Fariseos, tuvieron por costumbre la disciplina del ayuno. De hecho el versículo 14 dice que ellos «ayunaban muchas veces». Sabemos por otros pasajes que los Fariseos ayunaban hasta dos veces por semana como muestra de su piedad.

Mateo 9. 15.

La respuesta de Jesús fue muy completa.

Jesús usa tres ilustraciones para responder a esta pregunta acusatoria de parte de este grupo.

La boda judía.

Cuando un judío se casa hay un grupo de varones que son sus acompañantes de nupcias; estos están para compartir con el novio la alegría de ese día especial para él. Esos momentos son momentos de gozo, de alegría, de celebración ya que el novio está feliz por su boda y los acompañantes se gozan con él.

En ese ambiente NO tiene cabida el lamento o el luto, como lo mencionó Jesús aquí; sino el regocijo por tal evento de alegría.

Vs 15b.

PERO. Los pero son muy importantes. Aunque en las bodas no hay lugar para el ayuno, por ser celebraciones, habrá un momento donde el ayuno tiene su lugar.

«vendrán días en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán»

¿De qué se trata esto?

¿Habla del tiempo cuando Jesús será encarcelado y asesinado? Por supuesto. Aquel momento de aflicción, de angustia será tiempo de ayunar.

¿Habla de que esta práctica en ciertos momentos como cristianos la tendremos que usar debido a dolor y tristeza por causa de la cruz? Absolutamente sí.

hasta que nos volvamos a encontrar con él, podremos, tendremos y necesitaremos ayunar.

Notemos algunos ejemplos en la vida de la iglesia.

Hechos 12. 1 – 5.

Hechos 13. 1 – 4.

Hechos 14. 23.

El ayuno aún está presente como parte de las disciplinas espirituales de los creyentes.

Volviendo al tema en el tiempo de Jesús, ellos estaban de bodas, estaban celebrando la presencia del novio con ellos, demasiado gozo, no son tiempos para ayunar.

El ayuno no se hace por “costumbre” sino por propósitos importantes, ayuno bíblico tiene sentido en momentos donde el caminar cristiano se vuelve duro para nosotros. es allí donde necesitamos más fuerza espiritual y donde el ayuno tiene su lugar.

El remiendo nuevo en vestido viejo. Vs. 16.

En Israel las personas conocían esta situación, en particular las mujeres. La mayoría de las telas eran hechas de lana y cuando esta se lavaba naturalmente se encogía. Por eso «Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo». El vestido viejo por otro lado ya no tenía aquella virtud de elasticidad, estaba ya rígido por el uso y cuando la tela nueva se encogía dejaba una rotura más grande.

El vino nuevo y los odres viejos. Vs 17.

Los odres eran botas de cuero donde se depositaba el agua o el vino. Estas, cuando se llenaban con vino se inflaban debido a que el vino fermentaba. Si la bota de cuero era ya vieja, esta no tenía elasticidad y cuando se echaba el vino nuevo y fermentaba, aquella bota se rompía porque no podía soportar la fermentación natural del vino nuevo.

Ambos pasajes están enfatizando lo mismo; no se puede colocar algo nuevo en algo viejo, porque lo nuevo, dañará lo viejo, ambas cosas deben ser de la misma naturaleza.

Si el vestido es viejo debe ser remedado con un paño viejo y si el vino es nuevo debe ser puesto en un odre nuevo.

¿Qué les quiso decir Jesús?

Creo que en palabras judías, el Señor les expresó un mensaje muy claro; sus ritualismos, sus leyes fuera de las Escrituras, sus reglas humanas no pueden soportar el trato correcto de la ley que aplicaba Jesús, lo cual, para ellos, era nuevo.

Jesús no vino a abrogar la ley sino a cumplirla pero él se comprometió a cumplir la ley de Dios la cual deja atrás la mala interpretación que los religiosos de su época le daban (por ejemplo, al día de reposo) y también deja atrás todos los ritualismos que no permitían mostrarles a las personas la misericordia de Dios.

Jesús los desafía a considerar que lo que veían como nuevo en realidad era lo prometido y que ellos debían aceptar este hecho para poder vivir la nueva vida que Dios ofrecía a través de Jesús. No por medio de rituales sino por medio de la fe.

Los que estaban más cerca de considerar esto serían obviamente los seguidores de Juan, ya que Juan se presentó como el precursor del Mesías, y Juan les había testificado acerca de Jesús, así que es probable que esta respuesta fue la respuesta que los seguidores de Juan necesitaban para poner su fe en Jesús y ser parte de los acompañantes del novio; aunque no todos tuvieron esta entrevista y por eso algunos aun en el tiempo de Pablo aún estaban con el bautismo de Juan.

Ahora Mateo presenta cuatro testimonios, que son a la vez cuatro ejemplos de cómo el ministerio de Jesús es tela nueva o vino nuevo.

Mateo 9. 18 – 26.

Vs. 22. «Ten ánimo, hija, tu fe te ha salvado».

Hablarle a una mujer, permitirle que ella toque sus vestidos sin ser ofendido o considerarse contaminado. Todo esto en el sistema tradicional, sería inconcebible.

Escuche cómo era el trato que tenían hombres y mujeres en el tiempo de Jesús:

“En la sociedad hebrea la mujer ocupaba un lugar secundario, aunque no tan bajo como el de las mujeres de otros pueblos. Su tarea permanente era realizar las tareas de la casa, sumándose a esto la molienda, labores de hilado, el acarreo del agua por medio de cántaros y recoger el rastrojo en la siega. En algunas ocasiones ayudaban a pastorear el rebaño. La atención de los niños y la cocina les llevaba mucho tiempo. Difícilmente participaban de las reuniones sociales y menos cuando su esposo recibía a los hombres que le visitaban por amistad o por negocios. En relación a los rabinos, estos no debían hablar públicamente con una mujer. Algunos, exageradamente se cambiaban de vereda para no mirarlas a los ojos. Se decía que preferían llevarse una pared por delante por haber cerrado los ojos que dirigirle la mirada a una mujer, menos aún, pensar en un contacto por más leve que fuera”. (Comentario Bíblico Mundo Hispano)

En esta obra de gracia no hay formalismos religiosos solo se enfatiza la fe. El sistema religioso le prohibía entrar al templo, pero el templo fue a ella y le concedió su salvación.

¿Y qué decir de la niña?

Su padre era un principal de la sinagoga. Uno del grupo contrario a Jesús. Pero en el cristianismo no existen esas barreras; en el cristianismo se acude a los casos graves no importando de qué religión las personas sean. No existe el fanatismo religioso, el Señor nos envió a dar las buenas nuevas a todas las personas. Y si podemos bendecir a alguna persona, no importando que sea de nuestra iglesia, es un gozo servir a otros y presentarles gratuitamente a Cristo.

Notemos que Mateo no da grandes detalles de esta historia como sí lo hacen los demás evangelios sinópticos (Lucas y Marcos) Incluso Marcos, que es el evangelio más breve de todos, entrega más detalles de esta historia ¿Por qué? Creo que Mateo quiere hacer valer el punto del vino nuevo, y elige estos ejemplos para demostrarlo. No pretende exponer cada detalle de estas historias, sino demostrar su punto.

Mateo 9. 27 – 31.

Vs. 28.

Jesús no ve en estos ciegos una consecuencia o condición de pecado (como era habitual en los fariseos y en los judíos en general cuando veían estos casos).

Lo que Jesús ve, celebra y recompensa en ellos es su fe. Nótelo; estos hombres le siguieron, Insistieron en el camino por su ayuda, finalmente lo buscaron al llegar a casa y con toda humildad respondieron a la pregunta del Señor.

«Hijo de David». Ellos tuvieron fe en quien era Jesús y Jesús les da la vista.

«¿Creéis que puedo hacer esto?»

Lo que ve Jesús en ellos es una profunda convicción, vio fe en su respuesta. No le importó en qué condiciones se encontraban, si no en la fe que ellos tenían.

Vs 30 – 31.

El que no lo dijeran a nadie era algo nuevo también. Para muchos el que lo publicaran era la idea. Muchos con uno solo de los milagros de Jesús se hubiesen hecho de mucha fama. Pero en el reino de Dios no se busca fama sino cumplir el propósito por el cual Dios nos ha enviado.

A pesar de la petición de Jesús, estos hombres, por el gozo de haber recibido la vista, llevan el nombre de Jesús «por toda aquella tierra».

Bueno, en el evangelio la imprudencia a veces también funciona. Dios que es soberano, puede usar aun los errores de los hombres para hacer conocido el nombre de su hijo. Si no, piense en la navidad. Una fiesta de fondo no bíblico pero que cada año nos sirve para predicar acerca del Hijo de Dios.

Mateo 9. 32 – 33.

Vs. 33.

«La gente se maravillaba, y decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel».

Enfermos, moribundos, ciegos, endemoniados, eran alcanzados por Jesús. No importaba el lugar, el día, la hora o la condición de las personas, Jesús, atravesando, rompiendo toda pared ritualista, ya sea de purificación o de días de reposo, tomaba los casos y los ayudaba.

Él es el vino nuevo, él es la tela nueva. Jesús no se sujetaba a los rituales observados del Antiguo Testamento porque él es la expresión del nuevo pacto. Ya no es por medio de sacrificios que agradamos a Dios o por guardar los días, sino por creer en aquel que Dios envió al mundo para perdonar nuestros pecados.

Jesús dijo que guardaba la ley y lo hizo pero la ley moral de Dios porque hablando de la ley ceremonial Jesús es el cumplimiento de ella. Toda ceremonia era un recordatorio de cómo sería el Señor cuando viniera; al venir todas aquellas ceremonias se acaban para dar paso al cumplimiento de ellas que es Jesús. (por eso ni días, ni fiestas, ni nada que tenga que ver con rituales hoy tienen sentido porque Cristo es el cumplimiento de todo ello)

Jesús es el Dios que sale del templo para poder ir en pos de aquellos que podían o no los dejaban entrar. Jesús es el Dios que busca a los hombres; es el padre corriendo, llorando y abrazando al hijo pródigo que viene arrepentido; es el Padre que, por el gozo de ver de regreso a su hijo perdido, hace fiesta; es Dios ayudando y salvando a su pueblo.

Es el Mesías que comparte con publicanos y pecadores con el fin de presentarles su salvación. Es el pastor que ha salido a buscar a sus ovejas.

Vs. 34.

PERO. Los peros son muy importantes, nos muestran un cambio radical de ambiente de realidad.

«Los fariseos decían». Los únicos que no disfrutaban del vino nuevo, son los odres viejos; los religiosos que habían decidido mantener sus corazones duros frente a la gran misericordia que Dios mostraba a través de su Hijo Jesús, el Mesías.

Los únicos que no soportaron este nuevo trato de Dios por medio de Jesús fueron los que por su religión no pudieron ver la gracia de Dios; ellos eran el vestido viejo, el odre viejo, los que no reconocían en Jesús el verdadero Salvador del hombre.

Conclusión.

El Señor ofrece salvación eterna, una vida abundante, pero para que esto sea real en una persona, la persona debe creer, colocar toda su confianza en Jesús, dejando atrás toda religiosidad y reconociendo en Jesús su único Señor y suficiente Salvador.

¡¡Comparte esta publicación en tus redes sociales y ayúdanos a llenar el internet con la PALABRA DE DIOS!!

Sermones relacionados

Scroll al inicio