El Dios Hombre | Mateo 17:24-27 | Pastor Rodrigo Cisternas

Creo que esta es la primera escena donde vemos a Pedro como objeto pasivo; donde no está él haciendo las preguntas sino solo respondiendo a las preguntas, tanto de los cobradores de impuestos como de Jesús. Pedro aquí es el vehículo por el cual se lleva adelante esta historia.

Esta escena es de la vida doméstica de Jesús y de sus discípulos, esta no es una escena de ministerio o de grandes multitudes, es de aquellos pocos momentos donde Jesús estaba en casa llevando un día normal, como todo mortal. Sin embargo ¿Se puede vivir un día normal con un Señor sobrenatural? En este pasaje aparece una enseñanza que no deja de ser importante y contribuir con el propósito de Mateo; Por algo lo dejó registrado.

¿Cuál fue el propósito de Mateo? Demostrar al mundo de los judíos que Jesús es el Mesías, el Rey de Israel.

  1. TS. Primero veamos:

El contexto. Vs 24.

«Cuando llegaron a Capernaúm». El Señor Jesús, junto a sus discípulos, cada ciertas temporadas, salían a campañas evangelísticas; recorrían las ciudades y aldeas enseñando y predicando y sanando a las personas. Esto les hacía estar ausentes de casa por ciertos períodos del año. Una de esas campañas fue lo que vimos en los textos anteriores.

Pasada una de aquellas campañas, volvieron a Capernaúm. Capernaúm fue la ciudad que Jesús escogió para habitar en el tiempo de su ministerio. Capernaúm era también la ciudad donde vivía Pedro.

“Capernaúm, una ciudad junto al mar de Galilea era la ciudad preferida por los cobradores de impuestos por ser un lugar muy frecuentado por mercaderes y viajeros”. (Carballosa, Mateo, Pág. 119)

  1. TS. Ahora que entendemos un poco el contexto, veamos:

La situación. Vs 24.

«Vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?».

Seguramente se dirigieron a Pedro o porque era el discípulo más conocido o porque era el dueño de casa.

Un comentarista Bíblico conocido como A.T Robertson dice lo siguiente de este impuesto: “este tributo del templo equivalía actualmente a un dólar y medio o un euro. Todo varón judío mayor de veinte años debía pagarlo para el mantenimiento del templo. Pero no era un tributo obligatorio como el que cobraban los publicanos para el gobierno… Este tributo para el templo en Jerusalén debía pagarse en el mes de Adar (nuestro marzo) y para entonces hacía casi seis meses que había vencido. Pero Jesús y los doce habían estado fuera de Galilea la mayor parte de aquel tiempo. De ahí la pregunta del que cobraba aquel impuesto”. (Carballosa, Mateo, pág. 119).

Este era un impuesto pequeño para la mantención del templo.

«¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas?» La pregunta va por el tiempo que se había pasado y también para hacer notar una posible falta en el Señor Jesús. La pregunta tiene esa cierta maldad de confirmar de que algo no está bien en el carácter de este Maestro.

Las personas del mundo amados hermanos son muy exigentes con aquellos que decimos ser cristianos, miran los detalles y esperan que seamos aplicados a las reglas.

Aun no siendo necesariamente una obligación, ellos esperaban que Jesús pagara y si no lo hacía, entonces tendrían un gran argumento para criticar su vida y su ministerio.

Vs 25.

«ÉL dijo: Sí». Pedro sin cuestionar responde afirmativamente. No hubo dudas en Pedro de que el Señor cumplía con todos los detalles de la ley y de aquellas cosas que tenían un valor para Dios, como lo era el templo. Seguro que Jesús valoraba el templo y por eso Pedro sin cuestionar dijo: Claro que sí, él paga.

«Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero». Jesús en esta escena a ratos parece tan humano que no parece Dios y a veces parece tan Dios que no parece humano. Vemos a un Jesús sujeto a estas leyes y dispuesto a cumplir con todo lo escrito, como todo judío de su época, pero a la vez saltan estas obras divinas, como el hecho de que él, estando totalmente fuera de esta conversación con los cobradores de impuestos lo sabía todo.

El texto tiene la idea de anticiparse, de tomar la delantera. Antes de que Pedro diga nada Jesús ya sabe el tema y le tiene una reflexión y una respuesta, sin Pedro haberle contado nada.

Esto hace recordar las palabras del salmista: «Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda». Salmos 139: 4.

«¿Qué te parece Simón?». Aunque Jesús cumplía con todo los descrito en la ley y toda buena costumbre en el pueblo, Jesús muestra un cierto descontento, una cierta incomodidad en esta pregunta.

«Los reyes de la tierra, ¿De quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños? Pedro le respondió: De los extraños: Luego los hijos están exentos».

Jesús está llevando a Pedro a pensar que a quienes se les cobra este impuesto no son los hijos sino los extraños, aquí se entiende por “extraños” los que no son hijos. Todos aquellos no pertenecientes a la familia real.

Jesús aclara: «Luego los hijos quedan exentos». Esto significa que el hecho de ser hijo de aquel rey los deja automáticamente exentos, eximidos de tal responsabilidad por el simple hecho de ser hijo de.

He aquí la incomodidad de Jesús en esta expresión «Que te parece, Simón», Jesús veía con cierto recelo aquella exigencia a pagar. Su razonamiento era lógico: él no solo es el Hijo de Dios sino también el dueño del templo. Aquí sale a relucir su naturaleza Divina la cual lo hace razonar y ver con cierta molestia esto de que llanamente le cobren algo que no le corresponde pagar; ni a Él, ni a sus discípulos, quienes eran considerados también parte de su familia en la fe.

  1. TS. Ya sabemos el contexto y la situación pero ahora veamos cuál es:

La lección. Vs 27.

«Sin embargo» Jesús, aunque entendía bien lo que estaba sucediendo, aplica humildad y sentido común respecto a una petición que, por ser quien era, se transformaba en una ofensa.

«Para no ofenderles». Interesante palabra, porque conlleva la idea de hacerles tropezar, escandalizar.

Si Jesús no daba este aporte, que recordemos era voluntario, sin duda daría pie para que estas personas tropezaran, es decir, cayeran rápidamente en el juicio en contra de Jesús y en el comentario insano de que no respetaba ni cuidaba el templo y es esto lo que Jesús quiere cuidar. Él procuraba cuidar los corazones de estas personas, que no entendiendo quién es él, podrían llegar a conjeturar cosas totalmente equivocadas acerca de su persona solo por este detalle, del cual insistimos era voluntario.

A veces, amados hermanos, es mejor hacer aquellas cosas que a los ojos de otros podrían significar una crítica hacia el evangelio o un tropiezo ante el testimonio de Cristo; aunque aquello no sea algo realmente relevante. Todo por cuidar los corazones de aquellos que aún no le conocen. Aquí se habla de cosas voluntarias no aquellas que son de carácter obligatorio, responsabilidades establecidas por la ley para cumplirlas. Esas son incuestionables.

«Ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti».

Tan hombre que no parece Dios, tan Dios que no parece hombre. Esta es una forma que han descrito al Señor Jesús. Nos asombra lo humilde que es en carácter, y a la vez lo poderoso que es en obras.

El Señor Jesús, aunque incómodo por el hecho de pagar lo que no le correspondía, por ser Él el rey. Se somete a lo que considera correcto, pero en la misma hora manifiesta su poder sobrenatural y su control sobre esta creación.

Notemos la orden del Señor a Pedro.

«Ve al mar, y echa el anzuelo». Pedro pescaba con redes pero en esta ocasión el Señor le pidió solo llevar una caña de pescar. No necesitaba Pedro hacer un gran esfuerzo, sino algo simple. ¿No tendría el Señor esta pequeña cantidad de dinero consigo? No es el punto, sino la lección atrás de todo esto.

«y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero». Quiero que se entienda bien. El Señor está mandando a Pedro a buscar en un pez que está preparado, que está esperando ser sacado del mar por Pedro, para que Pedro saque una cantidad específica de dinero ¿usted lo puede entender?

¿Qué está demostrando Jesús con esto? Control absoluto, conocimiento infinito, poder ilimitado, señorío sobre la creación; provisión sobre y para los suyos. En todos los sentidos muestra que Él es el Rey, no solo de Israel, sino de toda la creación.

Esta historia es tan impresionante y maravillosa, que los liberales, personas que no creen en el texto como inspirado, y los que no creen en la palabra de Dios, han dicho que esta es una típica historia mística de pescadores. Pero la Biblia no hace ningún intento de desmentirla o de cuestionarla, sin embargo, hay es cierto que hay que tener fe para creerla, fe en que el Señor podía hacer cosas como estas.

Los argumentos están, pero también hay detractores de esta historia, quienes la rebajan para decir que esto solo fue una historia mística más que real.

Pero nótese que esta orden fue dada por el mismo Señor Jesús y no hay en el texto elementos místicos o confusos; hay una orden de Jesús a Pedro y los actos están descritos claramente.

«Un estatero» Una moneda que equivalía a cuatro dracmas. ¿Para que cuatro dracmas si solo se necesitaban dos? El texto responde certeramente.

«tómalo, y dáselo por mí y por ti». Como el Señor responde es asombroso, pero como considera a quien le obedece no deja de ser importante.

Hay nobleza en el Señor para con Pedro.

Le pidió que tomara su tiempo e hiciera su esfuerzo, pero también lo consideró para recompensarlo.

El Señor considera a quien camina por fe, quien sigue sus indicaciones.

El Señor no deja cabo suelto, si ve un corazón dispuesto también hará algo por él.

Creo que para Pedro más que el dinero, fue la experiencia.

La fe de Pedro sin duda creció, no por recibir el estatero, sino por ver el poder sobrenatural y el conocimiento infinito del Señor.

Eso sobrepasa cualquier tema material, ver su obra en medio nuestro por cierto vale más que todo lo que él nos pudiera dar.

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