Introducción.
«Por lo cual» El pasaje comienza con un conector o nexo ilativo, un recurso gramatical que sirve para introducir la consecuencia o el motivo de lo que se ha dicho antes. Un término de discurso.
Mateo ha registrado en este pasaje algunos temas importantes y todos conectados (Mateo 18: 1 – 14) Cuidar de los más pequeños; no ser de tropiezo para nuestros hermanos; el procurar que ningún hermano se pierda por causa del maltrato que otro le pudiera dar.
Prosigue Mateo en los versículos 15 al 22 a mostrarnos, en palabras del Señor, el cómo solucionar los conflictos entre hermanos (Se nota que este fue un tema que Jesús quiso que sus discípulos, como los futuros pastores entendieran).
Los pasos son simples:
Primero debemos entender que este es el trato de un hermano que peca contra el otro. Por lo tanto, antes de cualquier cosa, debemos saber cuál es la falta que debe ser considerada o la ofensa que uno hizo en contra del otro. Al tener eso claro:
1). Primero deben entrevistarse solos. Si resulta, ahí termina todo, las cosas siguen adelante.
2). Si no resultara el querer arreglar este tema, ¿Qué tema? confesión – reconocimiento – arrepentimiento – Reconciliación. Se debe acudir a uno o dos testigos (espirituales – neutrales). Si allí hay fruto de estas cosas, amén, todo solucionado y las cosas comienzan a sanar.
3). Si esto no resulta, dilo a la iglesia. se usa a la iglesia para exponer el caso y esperar que haya entre los hermanos sabios y maduros paciencia para oír el caso y ayudar a los hermanos al proceso de confesión – reconocimiento – arrepentimiento – reconciliación.
4). Si todo esto no resulta, es decir, la persona aunque se le confronta con su pecado, se le demuestra con evidencia su falta o faltas, y no quiere reconocer – por lo tanto no confiesa – No se arrepiente – y no le interesa la opinión de su iglesia, entonces se le debe considerar una persona extraña, ajena a lo que es el verdadero carácter de la iglesia de Cristo.
Vs 19 – 20. El Señor retoma el tema del verso 15, validando el hecho de que hermano con hermano, cuando se reconcilian, el Padre celestial los escucha y bendice.
Vs 21 – 22. Pedro hace una intervención, procurando entender cuántas veces debe el hermano estar dispuesto a realizar este proceso. Él pensó más allá de la costumbre (3 veces por día); algo más de gracia (7 veces)
La intervención de Pedro le sirvió al Señor para aclarar que en realidad este proceso se debe hacer cada vez que sea necesario, sin límites.
De esta manera, Mateo, introduce, a forma de conclusión, esta última parte del sermón.
Vs 23.
«El reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos». Jesús usa una parábola que habla de un hombre que gozaba de la máxima autoridad (un rey) que decidió arreglar cuentas con sus servidores (súbditos).
Vs 24.
En esos “arreglos de cuentas” aparece un caso perdido. Un hombre que le debía 10.000 talentos.
«Diez mil talentos». Esto representa una cantidad incomprensible de dinero. El talento era la denominación monetaria más grande del sistema greco-romano y bíblico.
El talento era la denominación monetaria más grande, y “diez mil” en el hablar común significaba un número infinito. (BEM, pág. 1281).
Equivalencia en la época
- En peso: Un talento pesaba aproximadamente entre 33 y 34 kilogramos de metal (generalmente plata).
- En dinero: Equivalía a 6.000 denarios (o dracmas).
- En tiempo de trabajo: Dado que un denario era el salario estándar de un jornalero por un día de trabajo, un solo talento de plata representaba unos 20 años de trabajo de un trabajador común (asumiendo unos 300 días laborales al año) (Dato recogido de la I.A)
Vs 25.
La única opción para recuperar algo de este dinero era pagando con sus propia vida y con la vida de toda su familia, mas todos su bienes.
La deuda era tan alta que nada podría cubrirla. Ni su vida, ni la de su familia ni sus bienes, nada, pero se tomaría todo lo del hombre como parte del pago.
Esto es la expresión más pura de la justicia. El hombre recibe lo que merece. Algunos juzgarían de dura la consecuencia, pero no debemos olvidar de que el hombre hizo uso de todos estos recursos y los invirtió para darse la tremenda vida, pero no tuvo la precaución de ir pagando; aparentemente era bueno para endeudarse pero no así para pagar. Las deudas lo alcanzaron al punto de que ya no había cómo cubrir su mal comportamiento económico. Llegó el tiempo de rendir cuentas y lo único que tenía era una gran deuda.
Lo justo era que pagara lo que gastó.
Vs 26.
«Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo».
Recuerden que “un solo talento de plata representaba unos 20 años de trabajo de un trabajador común (asumiendo unos 300 días laborales al año)”.
Lo que el hombre estaba prometiendo era imposible; tendría que vivir varias vidas para poder pagar, pero tenía la esperanza de lograr conseguir el dinero de alguna forma; lo cual era imposible; pero «postrado suplicaba» por tener una oportunidad más y así salvar a su familia y sus bienes.
El siervo tuvo una actitud de humildad en su súplica. No le importó humillarse si esto valía que su señor lo considerara y le diera una oportunidad.
Vs 27.
La reacción del señor de esta historia fue impensada.
«movido a misericordia, le soltó y le perdonó toda la deuda». Este es un acto propio del señor de esta historia. El perdón que el rey le otorgó fue total; le deja libre de cargos, y libre de toda deuda.
¿A quién no le gustaría recibir semejante regalo?
¿Sabían ustedes que, espiritualmente hablando, todo hijo de Dios ha recibido este tipo de regalo?
Nuestra deuda también era imposible de pagar. Pese a todos nuestros esfuerzos, jamás podríamos pagar la deuda de nuestros pecados. Nuestros pecados delante de Dios son una deuda que al hombre le es imposible de pagar.
Colosenses 2: 13 – 15.
«Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz».
Hasta aquí esta historia pareciera ser una historia de gracia y misericordia; les esperaba una nueva vida a este hombre gracias al perdón que recibió de su señor.
Pero la historia de Jesús no ha terminado… Jesús lleva el relato a un punto que llama poderosamente la atención.
Vs 28.
Ahora, el hombre recién perdonado, se encuentra con un compañero, un consiervo.
Que le debía 100 denarios.
«100 denarios». Hablando del sueldo base de aquella época (un denario al día) equivalía a cerca de tres meses de salario. No era una cifra insignificante, pero en comparación a lo que le fue perdonado, esta cifra no era nada.
«asiendo de él, lo ahogaba».
LBLA «echándole mano, lo ahogaba»
NVI «Lo agarró por el cuello y comenzó a estrangularlo».
NTV «Lo tomó del cuello y le exigió que le pagara de inmediato».
Su trato no fue benevolente sino duro.
«Págame lo que me debes». Esta deuda era la razón de su violencia.
Vs 29.
«Entonces su consiervo» Nótese que este hombre no tuvo ninguna autoridad legal sobre él. Eran compañeros, eran iguales, sin embargo, por el hecho de la deuda, este se olvidó del respeto y la igualdad que tenían. Lo trató abusivamente, aunque este no era ninguna autoridad sobre él.
Si lo llevamos a nuestro lenguaje, eran dos pecadores. Uno que ya había sido perdonado, y el otro que suplicaba por perdón.
«Postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo».
En otras palabras, este hombre, con su ruego y humildad, le trajo a la memoria las mismas palabras y actitud que había tenido él hace poco delante del rey.
Y es aquí que ocurre algo impensado…
Vs 30.
«Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda».
Todo lo que a él se le perdonó, no le enseñó nada; no fue movido a misericordia como si fue el rey para con él.
Su corazón no se conmovió como el corazón de su señor, sino que hizo lo que él estimo justo, que era que el hombre le pagara toda la deuda.
¿Hasta aquí, hay algo que tú ya puedes aprender acerca del perdón?
Vs 31.
La historia aún sigue…
Al ver esta situación otros compañeros de estos hombres, otros iguales; fueron al rey y le contaron lo sucedido.
Vs 32 – 33.
El rey hace ver a este hombre que el hecho de NO tener misericordia por otro, como se le tuvo a él, era una clara muestra de que él era un hombre malvado.
La pregunta retórica del verso 33 nos muestra que el rey está admirado, sorprendido, de lo duro de su corazón al no perdonar a su compañero.
Vs 34.
Esta parte de la historia es sorprendente.
«Entonces su señor, enojado», LBLA «enfurecido».
«Lo entregó a los verdugos, hasta que pagase toda la deuda».
¿Qué vemos en esta historia?
Lo que se le había perdonado, vuelve a NO estar perdonado; el hombre es vuelto a su condición primera de no perdón por no hacer misericordia como hicieron con él misericordia.
¿Qué significa esto? ¿Qué nos quiere enseñar el Señor con esta historia?
Veamos como aplica Jesús esta historia a nuestras vidas.
Vs 35.
«Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas».
¿Qué es lo que exactamente hará el Padre celestial?
No nos perdonará…
- Si estoy dispuesto a recibir el perdón pero no así a darlo a otros Dios no nos perdonará.
- Si te gusta que te perdonen pero no te gusta perdonar, entonces Dios dice; entonces yo tampoco te perdono.
De esta forma Jesús deja en claro lo que quiso decir en el versículo 22: «no te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete».
Si yo he perdonado todo tu pecado, no hay razón de que tu no puedas perdonar la ofensa que te hizo tu hermano.
Si retienes y exiges que los demás te paguen sus faltas, entonces Dios aplica la misma norma justa para ti; por lo tanto si no perdonas, él tampoco te perdona.
Mateo 6: 14 – 15, en una parte del sermón del monte, dice: «Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas».
Conclusión.
El Señor Jesús, preparando a sus discípulos para lo que sería su trabajo dentro de poco dentro de la iglesia, instruye de forma detallada el trato que ellos debían dar a los demás.
En resumen, Para que ellos pudieran ministrar como el Señor esperaba…
Debían ser humildes, considerados con todos, incluso con los niños, buenos ejemplos, cuidadosos con sus hermanos y dispuestos a ser perdonados como a dar perdón.
Esta es la mirada que Jesús quiere que su iglesia tenga respecto de su trato los unos con los otros.
Que los problemas entre nosotros, en lugar de alejarnos nos lleven a acercarnos, a vernos a los ojos y a dar perdón sabiendo cuánto a nosotros nos ha sido perdonado.
Ese es el verdadero carácter cristiano. Si alguien viene a ti con humildad, reconociendo sus faltas y suplicando tu perdón, así como un día nosotros fuimos a Cristo, la única opción que nos queda es, con buen corazón, recibir aquella falta y entregar aquel perdón como Cristo lo hizo por nosotros.
Colosenses 3: 13, nos recuerda: «Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros».
- ¿Quién necesita ir a su hermano en este momento y decirle perdóname?
- ¿Quién está dispuesto a perdonar y a ser perdonado?
- No deje pasar más el tiempo, hoy es un buen día para hacer que esto sea una realidad. Deje todo de lado y vaya en busca de ese perdón.




